¿QUE HAY MAS ALLA DE LAS CAMPANAS?

    Cuando pensamos en la parroquia, lo primero que viene a nuestra mente es una construcción hecha de ladrillos ¿verdad? Por otra parte, la historia del arte nos muestra escenarios extraordinarios, concursos de belleza, catedrales que desafían el tiempo para alabar al Señor.

    Pero la Iglesia sólo tiene sentido si es comunidad. No existen lugares que abarquen a Dios, sino lugares que abarquen comunidades que alaban a Dios.

    Por eso, nuestras iglesias son una continua referencia a la Iglesia construida por personas vivas, el sueño de Dios, hermanos y hermanas reunidos por su Palabra que, poniendo al servicio del Reino los propios dones, construyen el lugar que hace posible la presencia del amor de Dios.

    Realizamos el sueño de Dios, llegamos a ser plenamente Iglesia, viviendo el propio ministerio y la propia vocación, dejando de lado “gurú y beatería”, haciendo de nuestros templos lugares de encuentro y de acogida, lugares que custodien la Palabra y el Pan del camino.

    En la “gran familia” de la parroquia, las acciones humanas, aun cuando sean privadas, no quedan en el anonimato (Nacimiento, muerte, matrimonios, aniversarios...). Aquello que cuenta, ordinario o extraordinario, lo que sea, por medio de la parroquia es despojado de la vanalidad, adquiere un sentido nuevo, es potenciado y queda asequible para todos.

    Es verdad que en nuestras ciudades, en nuestros pueblos, en nuestros barrios, nos encontramos a veces con comunidades cansadas donde prevalece el rol del sacerdote y no hay espacio para la creatividad de los creyentes o encontramos comunidades - Fantasmas en las que quien participa lo único que quiere es que lo dejen en paz con sus propias devociones

    Para todos sería maravilloso tener la posibilidad de creer y crecer en la comunidad donde, detrás de las campanas “que desde siempre han acompañado momentos tristes y felices” se

intuye la presencia de una comunidad, una comunión de relaciones y de afectos, una referencia precisa para compartir la esperanza y generar la fe “en la” comunidad y “con” la comunidad. Y todo esto es un precioso patrimonio de todos el cual es insustituible.  


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