Por muchos siglos hemos orado con las palabras de la Sagrada Escritura sin usar particulares métodos y esquemas. En el s. XII un monje, el superior de la Gran Cartuja, Guigo II, elabora el método sistemático y orgánico de la Lectio Divina y utiliza la imagen de una escalera que conduce al cielo mediante cuatro gradas espirituales: la lectio (lectura), la meditatio (meditación), la oratio (oración) y la contemplatio (contemplación)

 

 


 

Recorriendo las cuatro gradas de la Lectio Divina puedes obtener del
pozo de la Escritura "el agua fresca" para saciar tu sed durante el trayecto.
He aquí algunos elementos esenciales de preparar y llevar:


 

 

la Sagrada Escritura: llévala con cuidado a tu habitación, que se vea bien, abierta y, si quieres coloca a lado una vela, una flor... preparando un espacio solo para El: es el ángulo de la Belleza donde acoger a la Persona que quieres de modo especial y unico. No es idolatria o un simple culto: es una delicada atención, es sensibilidad, es... la Encarnación de la Palabra;
                                                                            

la confianza: confía totalmente en la Persona que te escribe... ten fe y confía en sus palabras que te manifiestan poco a poco el proyecto de felicidad en tu vida;

la disponibilidad: pon en discusión tu corazón y tu mente interpelados por la Sagrada Escritura; se disponibile y abierto a la novedad que Te propone, sin pretender de saber todo y rápido,  respetando profundamente Dios que, en cambio, ya sabe todo de ti, y te ama mucho;

el silencio: busca un ambiente o un ángulo de la casa, lejos de los rumores, adapto para favorecer el encuentro personal entre tú y El;

la escucha: evita las distracciones o los imprevistos que sabes bien de poder postergar porque ahora son casi "previsibles"; pon silencio en tus pensamientos y a las imágenes que viven en ellos para que tú puedas estar atento sólo a la escucha de Su voz para poner en práctica lo que aprendes;

un particular amigo/a: comparte y confronta tu camino con alguien que es más adelantado que tu en este tipo de experiencia, que te pueda ayudar a construir una relación verdadera, alejando así el peligro de una interpretación personal o de autosuficiencia.


 

  
    Estás listo para subir las gradas? 

Ven... ¡vengo también yo contigo, vamos!           


 

                                           1ª grada: la lectio (lectura).

 

            Con los elementos preparados y ya colocados en nuestra mochila, podemos leer con atención el texto sagrado que se escogió, pero antes es necesario.. invocar sobre nosotros el Espíritu Santo. Leemos lentamente, sin prisas la lectura de la liturgia del día, del domingo o tambien otra que se escogió, si nos ayuda, sería bueno leer en voz baja, poniendo atención a todos los particulares, a la puntuación, a las palabras que se repiten, a la conjugación de los verbos, sin preocuparse si el tiempo que hemos pensado dedicar a este momento de oración esta por "terminar", porque solo permaneciendo atentamente con il texto podemos encontrar al Autor.
Sucesivamente, si está en nuestra posibilidad, podríamos leerla en la lengua original (probablemente pocos pueden leer el hebreo del Antiguo Testamento, en cambio el griego del Nuevo Testamento es más accesible), o en las varias traducciones en español  o en otros idiomas. Lo que cuenta es que cada día abramos el "correo" escrito por Dios para nosotros, dedicándole un poco de  tiempo establecido ya anteriormente. Sí... debemos y queremos ser fieles a la cita  aunque  al inicio puede parecer que no sacamos ningún provecho o  nos cuesta.  La Lectio en efecto ... es un compromiso.
Leyendo con calma, se imprimen en nuestra memoria algunas palabras e imágines que el texto suscita en nuestros ojos como también en nuestra mente, y esto ya es oración.
La Lectio Divina inicia a movernos interiormente, a implicar nuestros cinco sentidos... Como los enamorados que inciden el nombre de la persona amada sobre las mesas de los snaks o sobre los bancos o en los muros de las ciudades, también nosotros podemos dedicar... no un muro donde todos pueden escribir, sino un cuaderno "particular" para transcribir algunas frases e identificar las palabras claves del texto sagrado. Crecerá más nuestra atención por la  Palabra y nos daremos cuenta que algunos versículos se han "imprimido" tanto que nos encontraremos a repetirlas en nuestro interior  mientras vamos a la escuela, a la oficina, o realizando los trabajos domésticos, mientras se espera el autobus, cuando se hace la fila en alguna ventanilla del banco o de correos...
¿Cuál es entonces el objetivo de esta 1ª grada de la Lectio Divina?... ¡Despertar afecto

por la Sagrada Escritura!

Sólo iniciando...descubriremos cada día  que entramos en una verdadera relación familiar.                                                                 
                

                2ª grada: la meditatio (meditación).

            Nace ahora el deseo de profundizar el sentido de lo  que hemos leido, transcrito y memorizado. Nos servimos de tres imágenes que hacen claro el trabajo de profundización: la hormiga, la abeja y el cernidor. 

La hormiga: recogemos y colocamos juntas las palabras buenas producidas cada día durante la "impresión" del texto en nuestra mente y en nuestra boca; de aqui, otras palabras o textos bíblicos surgirán de nuestro hormiguero (nuestra memoria) o porque se asemejan o porque se relacionan con la palabra clave que hemos encontrado en precedencia.  

La abeja: las palabras recogidas son como el polen chupado de las abejas; ahora nosotros las meditamos (en griego meletào, etimológicamente significa "hacer la miel"); poco a poco "amalgamamos" las palabras para que se fundan en un unico texto y es aquí que se experimenta la vitalidad típica de la Palabra de Dios: una revelación tan grande y cálida cuanto es la acogida del corazón que la custodia, le rinde honor y la circunda de cuidados para que crezca. 

El cernidor: clarificamos y confrontamos entre si las palabras que, de chispas, se transforman en faros luminosos para cada uno de nosotros, porque la Escritura no sólo habla sino nos habla. Es como fuego que cura nuestra vida, que pone en luz nuestras palabras y obras, nuestros gestos, nuestros comportamientos que van purificados distinguiendo bien, mediante el discernimiento, lo que Dios nos dice, de aquello que en cambio quisieramos decir nosotros... como sucede en el cernidor para el grano.  Los Padres de la Iglesia hablan de synkrisis (syn "con", krisis "juicio", discernimiento).
Entonces ¿cuál es el objetivo de la 2ª grada?... ¡Activar nuestro corazón con el corazón de Dios!

 

 

         3ª grada: la oración ( oratio).

            Ahora podemos "hojear" libremente nuestro corazón. También el corazón es parecido a un libro en el cual Dios ha marcado al margen todas las veces que nos hemos encontrado en la cita en el tiempo del encuentro personal.  Concientes de esta grande experiencia no deseamos otra cosa que ¡dar un grito de alegría y explosionar de felicidad por el Señor en la Persona del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!

Amigos y amigas ... ¡esta es la experiencia de la oración!!!
Existen varias formas de oratio, de oración:

la compunción: tocados por la Sagrada Escritura y movidos finalmente por su Palabra advertimos que nuestro corazón es, por un lado, traspasado "dulcemente"  pero también, como consecuencia, necesita de purificación y conversión;

la petición: concientes de no tener en nosotros algo perfectamente claro, nace la exigencia y el deseo de pedirlo a Aquel que lo posee desde siempre;

el agradecimiento: leyendo las experiencias vividas en nuestra vida presente y pasada, nos damos cuenta de la presencia providente, amorosa y atenta de Dios: nace espontáneo el decir... GRACIAS;

la alabanza: experimentando la belleza, la libertad, la felicidad, la atracción hacia las realidades invisibles brotan palabras de íntima confianza dirigidas a Dios... un canto, una música, una expresión artística cualquiera,  con tal que diga la maravillosa experiencia de amor que estamos viviendo.
Objetivo de esta 3ª grada es adquirir una confiada perseverancia en el dirigirse a Dios.


 

        4ª grada: la contemplatio (contemplación)

            La cita fiel en el pozo de la Escritura nos ha disetado y recreado... hemos llegado a conocer de veras íntimamente una Persona muy especial. Nuestros sentidos han sufrido una metamorfosis... son capaces de mirar, gustar, tocar, escuchar, sentir el perfume del Espíritu Santo que "desborda" del pozo... Divina Palabra! Nada es vano para nosotros.
Tener la gracia de llegar a este nivel equivale pues a transformarnos nosotros mismos en "lectio divina", o sea una carta viviente enviada por Dios a cada hombre a través la bella noticia de la reconciliación. El contemplativo es el hombre dotado de la máxima comunicación consigo mismo, y con los demás... solo mirándolo te conduce a Dios.

            Nuestro horizonte, se alarga de este modo: contemplando, vemos a Dios en aquello que aparentemente es menos divino... el rostro desfigurado de un hombre, de un mendigo, el sufrimiento... como también la belleza de la naturaleza y de las personas.

Como decir... El Invisible ahora lo vemos nosotros, no claramente, pero ahora nuestros ojos lo ven en las personas, en los eventos, en las cosas.
La madurez del hombre y de la mujer creados a imagen del Verbo... son hombre y mujer capaces de dialogar y pasear, recorriendo la historia con la Trinidad, es el objetivo arduo de esta cuarta grada que necesita de las otras tres y las reagrupa fundiéndose con la finalidad última de la Lectio Divina.


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