LA VIA ECUMENICA, LA VIA DE LA IGLESIA

El adjetivo ecuménico viene del griego oikoumene  que, unido al sustantivo tierra, indicaba el mundo entero abitado.  En la Iglesia se ha usado para indicar por ejemplo un concilio ecuménico (donde, sobre todo antiguamente, toda la cristiandad formaba parte).  En el siglo XX se transformó en una connotación específica del movimiento que tiene como finalidad la promoción de la unidad de todos los cristianos: el movimiento ecuménico. Hablar de vía ecuménica significa entoces mirar el camino recorrido de cuantos ya forman parte en el movimiento ecuménico y juntos indicar una dirección, un camino, una meta...

    Por siglos los cristianos hemos caminado lejos los unos de los otros, muchas veces en la hostilidad o en la indiferencia recíproca... y la Iglesia todavía sufre por las  heridas de estas divisiones... Pero hace algun tiempo, al soplo del Espíritu Santo, la rueda ha cambiado...surgió el movimiento ecuménico: viejos muros caen, los que estaban lejos se acercan, los cristianos se descubren hermanos en el único bautismo, se refuerzan lazos de amistad, se experimenta la alegría de trabajar juntos, mientras en el diálogo teológico se afrontan los problemas de fe, de doctrina y de vida eclesial que permanecen abiertas...  Una vía nueva se ha abierto y todos estamos invitados a recorrerla...

    La vía ecuménica  es la vía de la Iglesia, dice el Santo Padre (cf. Encíclica Ut Unum Sint), y con el Concilio Vaticano II la Iglesia católica  se ha empeñado en modo irreversible a recorrerla (cf sobre todo el decreto Unitatis Redintegratio).

    El Concilio en efecto ha suscitado un singular entusiasmo en el campo ecuménico y ha invitado a todos los hijos de la Iglesia católica a responder con entusiasmo a esta "vocación y gracia divina"...
Por otro lado,
 la meta del camino, la comunión plena y visible de todas las Iglesias cristianas, queda lejos.  Protestantes, ortodoxos, anglicanos y católicos no están todavía plenamente unidos... y tal vez el ecumenismo, el verdadero, no ha entrado aún en nuestra comunidad cristiana...  Mas no podemos permitirnos de ignorar lo que el Espíritu dice hoy a las Iglesias.

    La vía ecuménica es una vía espiritual, profunda, que se puede recorrer solo con la gracia y la energía del Espíritu Santo… que llama a cada uno y todas las Iglesias a participar con empuje y docilidad interior y también con una formación específica, posible a cada nivel de la vida cristiana.

    Vía de conversión, de oración, de reconciliación para superar el pecado de separación que todavía divide, y para resistir a las nuevas tentaciones que aún insidian el camino de la unidad.

    Vía de la búsqueda de la verdad en la caridad en el diálogo y la colaboración entre los cristianos de las diversas confesiones y también al interno de la parroquia, de la familia, de la comunidad. 

    Vía de la concordia, de la unidad de sentimientos, vía de la comunión, que no es uniformidad, sino riqueza y sinfonía de vida, en la multitud de dones del Espíritu Santo y en el seguimiento humilde del Unico Señor de la Iglesia, Cristo Jesús.


En el camino están por delante santos y mártires de todas las Iglesias:  “Dios hará para las Iglesias lo que hizo para sus santos" dijo el papa Juan Pablo II (Encíclica Ut Unum Sint 84). También en nuestra familia religiosa, que desde el inicio ha encontrado inspiración y vida en la Oración de Jesús al Padre para que todos sean uno (Juan 17), Dios ha encendido una pequeña luz en este camino:

    Nuestra Fundadora, en el proyecto inicial del Instituto nos orientaba en el trabajo ecuménico:  Atención especial de las Hijas de la Iglesia será de unir en la caridad los espíritus...la unidad será el elemento esencial de su apostolado externo, el fundamento de sus accioines" …   “No se trata de identidad, sino de concordia, coordinación de todos los esfuerzos y de todas las fuerzas:  esta es la unidad, esto pensarán, esto actuarán porque tienen el honor de ser hijas de la Iglesia, por el honor de la misma Iglesia y del Padre de todos los fieles.  Ningún sacrificio será grande para la unidad de la gran familia católica, porque la Sangre de Jesucristo no haya sido esparcida en vano, porque su última oración «ut unum sint» sea prontamente escuchada.
La Iglesia es una, santa, la Iglesia… tiene la Unidad como su característica, la Iglesia es evocada - como dice el mismo nombre de Iglesia que significa evocación - de la voz de Nuestro Señor Jesucristo cuando la llamó  «Ecclesiam meam» esta Santa, venerable, incomparable Madre de las almas y de los corazones…” 


                                                                       (María Oliva Bonaldo, “33 folletos”, p.96-98)

Maddalena Volpato.
A 26 años descubre la triste realidad de la división entre las Iglesias y la urgencia de la oración por la unidad de los cristianos y toda su vida breve (1928-1946) se ilumina de sentido:  se transforma en imploración y ofrenda de sí misma a Dios para que
todos sean uno”.

 

 

 


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