Corpus Christi 1913 - 2013

 1913 – 2013
Centenario de la Inspiración Carismática
 
 
 
        Celebramos con el corazón lleno de agradecimiento y de alegría el Centenario de la Inspiración carismática que nuestra Fundadora, la Sierva de Dios M. María Oliva Bonaldo del Cuerpo Místico, recibió como Don del Señor y que acogió con total disponibilidad.
        Como ella nos ha confiado, se trató de una “gracia de luz y fuerza”, que en el momento de la Bendición Eucarística transformó su vida, haciéndole intuir la apertura universal del Misterio de Cristo y de su Iglesia.
        De esa semilla fecunda nacimos nosotras, Hijas de la Iglesia, llamadas a continuar el camino siguiendo las huellas luminosas de sus pasos.
        “Conocer, amar, servir a la santa Esposa de Cristo” es el ideal que sigue atrayéndonos y comprometiéndonos. Leemos como un signo de la delicadeza del Señor la coincidencia de este aniversario de familia con el Año de la Fe proclamado por el Santo Padre Benedicto XVI.
        El Papa exhorta a todos los fieles a retomar los documentos del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica. Es la forma concreta para profundizar las riquezas del Misterio, respondiendo a ese deseo de conocer que nos acompaña y nos anima también a hacer conocer a Dios Amor y a la Iglesia, nuestra Madre, que revela el Rostro de Dios.
        El conocimieno nos lleva a amar: amar a Jesús con corazón de esposas; amar a los hermanos y a las hermanas, cercanos y lejanos, con corazón de madres. Invadida por el amor, M. María Oliva fue capaz de hacer amar a Jesús y a la Iglesia; lo enseñó a los pequeños, a los adultos, a nosotras… que queremos seguir su enseñanza y su ejemplo.
        Lo hacemos poniéndonos humildemente al servicio, como la Virgen Madre de Dios. Servir al Señor Jesús, servir a la Iglesia Madre, es un privilegio para nosotras, Hijas e Hijos de la Iglesia, que con un renovado fervor queremos colaborar, con todas las capacidades que el Señor nos regala, al crecimiento del Reino de Dios, dando valor especialmente a la oración y al sufrimiento, como recursos misteriosamente fecundos.
        Sacamos con alegría y gratitud linfa nueva de la raíz viva de nuestra Fundadora, calmando nuestra sed, como ella nos enseñó, en la fuente inagotable del Corazón de nuestro Salvador, del cual nació, Esposa, la Iglesia nuestra Madre.
Hn.a Maria Teresa Sotgiu, Superiora General

 


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